En Liucura, entre Cerro Negro y General Cruz, en un caminito que salía desde el
canal de Quillon, había una piedra roja. Nadie reparaba en ella.
Pero una noche unos trabajadores que se quedaron a dormir allí cerca, vieron una
luz que parpadeaba junto a la piedra. Muy de madrugada se acercaron y cavaron
debajo.
Encontraron un lindo servicio de plata fina, pura plata, bien pesada y muy bien
trabajada. Yo la vi. Lo tuve en mis manos. ¡Y
pensar que había pasado tantísimas veces por encima!
(Relación de Iván de los Ríos, Santa Clara)